Sentirse a gusto

Quizá no sepamos definirlo, pero todos sabemos lo que queremos decir cuando afirmamos que nos sentimos a gusto, que nos sentimos bien. Sin quizá hacerlo explícito, nuestra afirmación abarca el bienestar mental y el bienestar físico. Y eso a pesar de nuestras diarias preocupaciones, y a pesar de que podamos sufrir algún problema orgánico.

Si el bienestar físico forma parte sustancial de este sentirnos bien globalmente, como personas, una pregunta que podemos hacernos es: ¿en qué grado nuestros hijos con síndrome de Down consiguen ese bienestar físico? Preocupación constante nuestra es su salud; atender a las variadas patologías que les acechan, unas veces para prevenirlas, otras para tratarlas o aliviarlas, siempre buscando los mejores remedios. Es posible que quienes visitan nuestro Foro se queden impresionados por la cantidad y variedad de patología de la que se consulta y se comenta. Pero eso es natural, porque por lo general sólo se consulta lo que se necesita; quien no lo necesita se abstiene... que son la mayoría. Por eso recordamos esa afirmación que suelen hacernos los expertos: “Lo más normal es que las personas con síndrome de Down estén sanas”.

Ahora bien. Es preciso dar un toque de atención sobre un aspecto de la salud que desborda el tratamiento estricto de una concreta alteración patológica, y que sin embargo tiene una influencia decisiva a la larga sobre el tono vital de la persona, sobre su forma física, sobre su sentido de bienestar. Algo que, por otra parte, descuidamos con frecuencia. Nos referimos al control del peso para prevenir la obesidad, y al ejercicio físico realizado de forma constante y continuada.

El sobrepeso y la obesidad son amenazas indiscutibles de la persona con síndrome de Down; va en parte en su biología, y en parte en el modo con que afrontamos ese problema. Se inicia, además, a edades muy tempranas, ya en la niñez. En cuanto al ejercicio físico, su carencia es otra constante: si se realiza es sólo en una época de la vida, algo más bien impuesto, y por tanto no forma parte sustancial de las actividades diarias del adolescente, el joven, el adulto. Algunas encuestas nos avisan que los entretenimientos de nuestros adultos con síndrome de Down se limitan a ver la televisión y oír música. Son, pues, asignaturas pendientes y seguirán siéndolo mientras el control de la obesidad y la realización de ejercicio sean vistos por los interesados como algo impuesto y no como algo que sale de ellos mismos, porque quieren sentirse bien, sentirse a gusto.

En este número de la revista de julio hablamos de estos temas, tanto en el “Resumen del mes” en el que resumimos un reciente artículo inglés sobre la obesidad de las personas con síndrome de Down, como en el “Artículo profesional” en el que expertas australianas en educación física de personas con síndrome de Down tratan de hacernos ver el sentido que debemos dar al ejercicio físico como parte inseparable en los programas, cualquiera que sea la edad. Vale la pena que nos lo tomemos en serio, que programemos desde pequeños la cultura de una alimentación racional y coherente –y sabrosa, por supuesto–, de un control mantenido del peso, y de la realización del ejercicio físico y el deporte que deben formar parte de la vida cotidiana. 

Así haremos vivo ese diálogo que oímos a una joven con síndrome de Down cuando iba toda marchosa a su natación:

 -¿Y no te da pereza?

-Qué va, me encanta ir.

-¿Por qué?

-Porque después me siento a gusto.