Competencias y empleo tras un programa universitario
Resumen del mes Julio 2023: Competencias y empleo tras un programa universitario para personas con discapacidad intelectual
Ana Berástegui, Graciela Suárez, María Dolores González. (2023). Competencies and employment after a university program in young people with intellectual disabilities. J Intellect Disabil 2023. Vol. 0(0) 1-14. DOI: 10.1177/17446295231178107.
RESUMEN
Este estudio analiza la relación entre las competencias útiles para el empleo, adquiridas por parte de jóvenes con discapacidad intelectual después de terminar un programa de formación para el empleo en régimen universitario, y el posterior acceso al empleo. Además de los beneficios económicos, el empleo permite conseguir necesidades psicológicas fundamentales como son el disponer de un horario diario, tener una ocupación, alcanzar una cierta identidad y estado, tener la oportunidad de ampliar las relaciones sociales. Todo ello mejora la motivación para el trabajo, la destreza en el funcionamiento y el bienestar.
Se ha reconocido el derecho de las personas con discapacidad a trabajar en condiciones similares a las de los demás, pero existen importantes dificultades para acceder al trabajo en régimen de inclusión, especialmente en el caso de la discapacidad intelectual. En España, la tasa de empleo para la población general es del 65,9%, del 25,9% para la población con discapacidad y del 20,4% si la discapacidad es intelectual. Con frecuencia se considera a las personas con discapacidad intelectual como capital humano no competitivo: además de existir una estigmatización social, este concepto se ve reforzado por un nivel inferior de educación, la escasez de oportunidades de formación, el abandono precoz de su periodo formativo y un nivel bajo de competencias. Se considera que la adecuada formación en hábitos y competencias, adaptada a las condiciones individuales de la persona, es clave para conseguir un mayor nivel de aptitudes y, por tanto, de oportunidades de empleo.
En diversos países se han organizado programas especiales de educación postobligatoria, dirigidos específicamente a formar a jóvenes con discapacidad intelectual y prepararlos para entrar en el mundo laboral. Algunos de ellos se desarrollan en entorno universitario, lo cual contribuye además a reforzar las habilidades sociales y la inclusión social. Pero para que esta formación sea realmente eficaz en su objetivo de integración laboral y social, es indispensable conocer los factores y las competencias que aseguren la consecución y el mantenimiento del empleo, y aplicarlos al programa formativo. Los objetivos de este estudio son los siguientes: 1) Describir las competencias para asegurar las oportunidades de empleo, que fueron adquiridas por los alumnos a lo largo de su periodo de formación en el programa DEMOS, un programa de formación universitaria postobligatoria en España; 2) Describir las trayectorias laborales conseguidas tras el periodo de formación. 3) Explorar estas competencias como factores predictivos del camino laboral a seguir.
Para ello se analizaron los correspondientes datos de los 167 estudiantes con discapacidad intelectual de este programa en sus siete años de existencia (2012-2018). El subgrupo 1 constó de 145 alumnos a partir de su segundo año, cuando empezaron a ser valorados los informes sobre sus competencias (T1). En el subgrupo 2 participaron 72 antiguos estudiantes que informaron sobre la trayectoria laboral que habían seguido una vez terminado su programa de formación (T2). Se combinó la información T1 con la T2 en 58 casos. El informe sobre competencias abarcó 84 posibles habilidades agrupadas en 8 dimensiones, entre ellas: cognitiva, personal, social, trabajo, asesoramiento, tecnología informática, administrativa. La trayectoria laboral tras completar el programa fue clasificada como: acceso al empleo: tuvo al menos un trabajo, regular, con apoyo y sueldo; empelo actual: mantiene el empleo en el momento del estudio; tiempo total de empleo: porcentaje del tiempo transcurrido en empleo, desde la graduación. Del total, tenían discapacidad intelectual no tipificada el 59,3%, síndrome de Down el 23,4%, trastorno del espectro autista el 11,4%, otros diagnósticos el 5,9%.
Al terminar el programa, los estudiantes habían adquirido como media la mayoría de las competencias en las que habían trabajado, destacando principalmente las concernientes al trabajo básico: en un nivel medio alto de desarrollo, fueron las básicas (cognitiva, personal y social) y las técnicas (informática y administrativa). El desarrollo de las competencias en trabajo básico va generalmente asociado a un mayor éxito para obtener un empleo.
El 85,7% de quienes habían participado en el primer año en que se instauró el programa había conseguido al menos un puesto de trabajo. El porcentaje total de participantes que tenían empleo en el momento de la encuesta fue del 52,8%, a pesar de estar en plena pandemia COVID. Considerando que la tasa de empleo para personas con discapacidad intelectual en 2019 fue en España del 20,4%, el número de nuestros estudiantes fue 2,6 veces mayor. No se apreciaron diferencias en el acceso al trabajo y permanencia en él por razones de sexo, tipo de discapacidad intelectual o antecedentes educativos (educación inclusiva vs. educación especial). Los alumnos que tuvieron acceso al empleo y lo mantenían en el momento de la encuesta fueron los que habían alcanzado mayores competencias globales y en las relacionadas con el trabajo al concluir su programa de formación. Las competencias para el trabajo y, en menor grado, para la tecnología informática tuvieron un valor predictivo en el acceso al empleo. Los datos sugieren que las competencias desarrolladas en el programa, y específicamente las competencias generales de trabajo, guardan relación con las posibilidades de obtener empleo. Esto nos anima a seguir elaborando sobre la complejidad de las competencias generales, sin descuidar las competencias más específicas.
Son ya varios los programas que se van desarrollando en todo el mundo en los que se desarrolla una educación postobligatoria dirigida a la formación para el empleo en un ambiente inclusivo, como el programa DEMOS. La participación en un programa de formación postobligatoria influye muy positivamente sobre la calidad de la vida de la persona y su familia y sobre su transición a la vida adulta, de tanta importancia. Pero nada se consigue si este desarrollo no va acompañado de un similar esfuerzo por parte de la sociedad para incrementar las ofertas laborales, algo que concierne a todos: familias, empresarios, legisladores.
COMENTARIO
Hace ya casi 10 años que se inició en España la formación postobligatoria dirigida a la promoción laboral, en régimen universitario, de jóvenes con discapacidad intelectual (v. https://www.down21.org/libros-online/libroDown21-Prodis/libro-down21-prodis.pdf). Resulta muy gratificante comprobar el acierto de estas iniciativas, demostrado con datos, y el esfuerzo por evaluar con objetividad los resultados con el fin de mejorar la aplicación de los programas.



