Querido Ernesto: Sólo puedo mandarte todo mi apoyo, mi comprensión y mi afecto. Mi hermana María, que tiene casi 58 años, está cada día peor de su demencia, hasta el punto de que, ¿quién me lo iba a decir a mí hace unos meses?, ahora pido al cielo que se la lleve pronto y sin sufrir, porque esto ya no es vida. Es durísimo, y te entiendo y lo siento profunda, profundamente. Yo no estoy preparada, ni para la separación ni para nada. De hecho, no puedo ni imaginarlo. Igual me voy yo primero, igual me muero antes que ella, de pena, de extenuación. Pero lo cierto es que últimamente ya no miro la muerte como antes. Ahora, muchas veces, me parece una liberación, quién sabe si la puerta a una vida eterna, feliz y plena. Un abrazo muy, muy fuerte para ti y muchos besos para tu hermana y tu madre. Ánimo, valor y piensen en toda la felicidad que le han dado, en la vida de amor que ha vivido gracias a ustedes. Yo pienso y siento que, por dolorosa que sea la separación, la muerte no destruye los lazos del amor y seguiremos estando unidos, muy, muy unidos, como lo siento yo con mis padres que murieron hace ya más de 20 años, para siempre. Tu hermana vivirá en los corazones de ustedes y los cuidará y los protegerá desde el cielo, por llamar de alguna manera a esa vida eterna e inefable que, cada día me convenzo más, nos espera cuando nos muramos.