Hola a todos:
Quiero contarles que anoche sentí un dolor muscular muy fuerte en el hombro derecho. Es algo que me habrá dado dos o tres veces en la vida.
Era la hora de acostarnos, y mi hermana me vio andando con el botiquín (en busca de un antiinflamatorio). Me preguntó que si me pasaba algo. Tuve la tentación de disimular y de decirle que no. Sin embargo, le conté la verdad. Se la expliqué con tranquilidad, diciéndole que me dolía mucho, pero que era algo que no era grave, que ya me había pasado en alguna otra ocasión, y que se aliviaría con la medicina y con el calor; que no se preocupara.
Ella se volcó; empezó diciéndome que en qué me podía ayudar, y vaya si pudo hacer por mí, como por ejemplo, llevarme el bolso del salón al dormitorio, acercarme al microondas la bolsa de las semillitas para calentar, y más cosas que no les cuento a ustedes para no cansarles.
También me dijo que, si quería llorar ("gotear", como ella dice humorísticamente), que allí tenía su hombro. Y vaya si lloré. Mientras "goteaba", abrazada a ella, que con sus manitas me acariciaba la espalda, con unas caricias tranquilizadoras, yo le decía que me perdonara, y ella me repetía que no tenía nada que perdonarme, que yo su cariño lo tenía "casi siempre; siempre, ¿sabes?"
Aproveché para decirle que qué bueno era llorar a veces -como siempre le repito yo a ella-; que qué bueno era tener una hermana que me quisiera tanto; que qué bueno era tener su amor. Y ella sonreía, compasiva, volcada en mí, pero llena de serenidad.
Una vez en la cama, me arropó como la más amorosa de las madres, se ofreció a pasar la noche en mi cuarto y, finalmente, apagó la luz y se fue al suyo, cuando ya me hube aliviado y tranquilizado, dedicándome una mirada absolutamente maternal, totalmente protectora.
Tiene mi hermana una capacidad de compasión y de simpatía extraordinaria, y no quería ser egoísta y guardármela toda para mí, y por eso he decidido contarles esta historia que nos pasó a las dos anoche.
Muchos besos para todos. Deseo que estén todos bien, y que tengan mucho ánimo.
Hasta pronto,
Saro