Javier, leo tu carta y pienso por un lado que ganamos batallas, para los que intentamos una sociedad inclusiva, para los que lo vivimos como un cambio necesario, casi te diría como el único cambio viable para lograr una sociedad mejor, con lugar para todos, para aquellos que pensamos que es una filosofía de vida, un cambio en la escala de valores, más aún una educación en valores, otra diferente, donde el centro sea la persona y su reconocimiento como ser único e irrepetible el norte. Pero seguimos batallando y la realidad muchas veces, como la que compartes con nosotros es muy otra. Te leo y siento que es una realidad palpable lo que cuentas y lamento que lo hayan pasado, pero sé que lo han capitalizado y no puedo dejar de sentir esta empatía con Uds. que me hace viajar en el tiempo casi veinte años atrás, cuando mi hija Sabrina hoy con 27 años, era evaluada luego de terminar su pre-escolar, con una excelente maestra, a nivel de sus compañeritos, haciendo adaptaciones curriculares por su disminución visual, pero lamentablemente le negaron el ingreso a primer grado, la Dirección de Primaria no le permitió seguir cursando en esa escuela. Como Uds. yo tenía una carta preparada para leer el último día de clase luego del acto, a diferencia de Uds. tenía mucho para agradecerle a la maestra, cuyo trabajo había sido excelente, casi por intuición o por amor a los niños había trabajado con Sabrina en forma artesanal, como si lo hubiésemos planificado con un equipo, que en ese momento no existía. Aprendimos que cuando existe la vocación, el compromiso y las ganas, lo demás se da, fluye casi suavemente. El aprendizaje maravillosamente aparece y se instala y florece y es lo que se había logrado con mi hija en ese último año. Veo que hay historias que lamentablemente se repiten y estamos ya cursando el 2011. Pero hay algo muy importante que se desprende después de haberte leído. Uds. tuvieron la posibilidad de leer esa carta y "al que le quepa el sayo que se lo ponga", luego pudieron compartirlo en este fantástico espacio que tenemos y muchos de nosotros pudimos compartir su experiencia con Uds. Seguramente encontrarán el lugar que acepte a su hija, la valore y comprenda que integrar hoy en día es una "necesidad" y creo la posibilidad de que la sociedad cambie y vea en la diferencia un "valor" y no un "defecto", aunque la frase ya de tanto repetirla, suene a lugar común o muy trillada. Vuelvo el tiempo atrás y en mi caso, jamás me permitieron llegar a leer la carta de despedida que llevaba en mis manos, es el día de hoy que sigo encontrándome con alguna mamá de "aquella época" que recuerdan a mi hija y preguntan "¿porqué la saqué del colegio y no le permití seguir con sus compañeros en la primaria?" La Institución había decidido "contar la verdad a medias", que por supuesto es "incurrir en la peor de las mentiras". Te he leído y recordé a mi hija preguntándome porqué no seguía con sus compañeritos. Hasta ese momento siempre le decía que ella tenía "un problema". Te he leído y recuerdo que ese día cuando me lo preguntó decidí contarle que "el problema" se llamaba Síndrome de Down. Te he leído y recuerdo haberle explicado que lamentablemente en la escuela en la que estaba terminando su pre-escolar no querían niños con S.D. en la primaria. Te he leído y recuerdo su respuesta contundente y desgarradora "si ya entendí .... pero no es justo". Me recuerdo contestándole como pude algo más o menos parecido a: en esta vida hay muchas cosas que no son justas, pero son....
Te agradezco profundamente el compartir tus experiencias, lo que me ha permitido a mi compartir algo que llevaba guardado hace ya mucho tiempo con todos Uds. mi querida y tan respetada gente del Foro de Down 21. Nuevamente gracias y ya verás que pronto nos estarás contando novedades sobre el nuevo colegio donde has matriculado a tu hija.
Cariños,
Patricia