Estimada Ana Luisa:
Hace sólo unos pocos años que empezamos a detectar y preocuparnos por la depresión en las personas con síndrome de Down. Curiosamente, justo cuando más les atendemos, les cuidamos y conseguimos que desarrollen mejor y más sus capacidades.
Y es que ellos, desde niños y cuando llegan a la adolescencia, a la juventud, a la edad laboral, son más conscientes de sí mismos y de lo que les rodea. Se conocen mejor, y eso es bueno. El problema surge cuando ese mejor conocimiento de sí mismos no va acompañado de un esfuerzo paralelo en que se estimen a sí mismos y se acepten como son. Quizá es un problema que todos tenemos, pero se hace más acuciante cuando uno aprecia limitaciones, rechazos, dificultades para conseguir lo que ve que otros consiguen.
Todo ello conduce hacia la depresión, tanto más cuanto más dificultad se tiene para expresar sus sentimientos, sus miedos, sus quejas. Por eso vemos adolescentes que, al no conseguir sus expectativas (a veces por nuestra culpa, porque se las fomentamos excesivamente, o porque no nos preocupamos en atenderlas), entran en depresión. Otras veces en la edad adulta cuando la soledad les rodea. Les falla la capacidad uy las oportunidades de comunicarse.
Podemos, pues, hablar de los nuevos retos que el síndrome de Down nos ofrece en estos tiempos. Sin ánimo de ser pretencioso, me permito llamarles la atención sobre un artículo que escribí recientemente titulado así: Los Nuevos Retos. Abordo toda esta problemática y de qué manera la familia y los profesionales podemos educar a las personas con síndrome de Down desde pequeños para ganar en confianza, en desarrollo de sus capacidades, en la autoestima... En tratar de ser felices consigo mismos tal como son: que es la máxima aspiración que todo ser humano ha de tener. El artículo lo verán en: www.downcantabria.com/revistapdf/92/14-26.pdf
Con mucho afecto.
Jesús Flórez