Estimada María:
Como tú bien dices, en tu anterior consulta recibiste muchos mensajes, llenos de sabiduría y comprensión. Por eso no pensé que fuera preciso que yo hiciera ninguna puntualización. Te agradezco, por otro lado, la valoración que haces de mis opiniones, aunque yo las considero una aportación más dentro de este Foro tan enriquecedor para todos.
El planteamiento que te hicieron en el centro cultural cuando propusiste tu taller diciéndote que tenían que decir a quien se inscribiera que a él acudían niños con síndrome de Down me sorprende relativamente. Coincido contigo en que no es justo, ni razonable, ni aceptable que se tenga que dar esa información, si verdaderamente se considera la inclusión de los niños con síndrome de Down algo natural en la sociedad. Pero lo que muestra ese hecho es precisamente que aún no se ha alcanzado la naturalidad en la integración. No se informa, como tú dices, cuando alguien va al cine, o se sube a un autobús, o entra a un supermercado, de que en el interior puede haber personas con síndrome de Down.
Sin embargo, esa realidad social que digo que se vive en determinados lugares, y pienso que por parte de determinadas personas, afortunadamente está cambiando de forma irreversible. Y el cambio se consigue, precisamente, haciendo muchas actividades con niños con síndrome de Down. Los padres han de aportar su granito de arena llevándoles a todos los lugares y haciéndoles participar en todo tipo de actos sociales. Y los profesionales, haciendo propuestas como la tuya, de forma que los niños con síndrome de Down convivan con los demás y los demás convivan con ellos, que es la única forma en que se produce el conocimiento mutuo, y por tanto, el cariño y la comprensión.
Yo relaciono esta forma de actuar de determinadas personas no con la discriminación ni, por supuesto, con malas intenciones ocultas, sino sencillamente con la ignorancia. El desconocimiento es el mayor enemigo que tienen las personas que son diferentes para ser aceptadas por el grupo, y solamente haciendo que se conozcan se superan estas barreras. Por eso, más que denunciar esa situación, yo hablaría con las personas responsables y les haría estos razonamientos, aclarándoles que las personas con síndrome de Down son como las demás, y que no se avisa cuando empieza un taller de que a él van a asistir niños rubios o morenos, ni gordos o delgados, ni bajitos o altos, ni feos o guapos, ni extranjeros o indígenas, por lo que tampoco se ha de avisar de que hay niños con síndrome de Down.
Un cariñoso saludo y ánimo con tu taller, no se te ocurra rendirte.
Emilio Ruiz
Canal Down21