Querida Silvia:
Me solidarizo contigo.
Comprendo que es una época difícil y dura que, lógicamente, te desbordará por momentos.
Para empezar, eres humana (y una mujer excepcional, por cierto), así que destierra todo sentimiento de culpa, pues es normal que en ocasiones pierdas la paciencia (no somos de hierro).
Y, en cuanto al Tincho, vaya que lo siento, porque, por un lado, estará contento de tener a su abuelita ahí los fines de semana, pero, por otro, echará de menos sus paseos, ésos que tú nos cuentas tan, pero tan bien, que nos los haces sentir como si paseáramos nosotros con ustedes dos, por lo vívidas que son tus descripciones.
Espero que te contesten personas más expertas. Así, a bote pronto, se me ocurre que quizá pudieran jugar a algo con Martín. No sé si le gustará el parchís, o los juegos de esas cartas que se emparejan, y que tal vez convendrían también a tu madre, para mantener elástica su memoria y su observación. Buscar, en fin, alguna cosa que les haga entretenida a los tres la obligada estancia en casa.
Bueno, Silvia querida, que como decía tu padre, la carga se acomoda en el camino. Y yo estoy segura de que tú la irás acomodando muy bien, como siempre has hecho.
Mientras tanto, por favor no dudes en desahogarte aquí todo lo que quieras.
Un enorme abrazo, y muchos besos para el Tincho y para tu madre también.
Hasta pronto,
Saro