Queridos amigos:
El congreso ha sido un modelo de dedicación, profesionalidad y compromiso. Como explica Teresa, la audiencia ha seguido pemanentemente todas las ponencias, talleres, con exquisito interés. Las cosultas "de pasillo" han sido constantes, y las muestras de cariño han sido como sólo unas personas tan sensibles y acogedoras como las mexicanas pueden hacerlo. ¡Qué "lección" para los hoscos españoles.
No puedo por menos de mostrar mi especial agradecimiento hacia los organizadores por el homenaje dedicado a mi familia. Por ello, me parece oportuno mostrarles las palabras que pronuncié al recibir las placas dedicadas a cada uno de nosotros:
"Me resulta imposible condensar en unas pocas palabras todos los sentimientos que hierven en estos momentos en nuestro corazón, el corazón de toda mi familia.
Y vaya en primer lugar un especialísimo recuerdo hacia esa personita que da nombre y sentido a este acto; nuestra amada Cecilia Guerra Aguilasocho.
Gracias, Teresa; gracias Fundación Síndrome de Down de Nuevo León, por esta iniciativa que nos llena de emoción y nos obliga a mantener con constancia nuestra dedicación al síndrome de Down.
Desgraciadamente, no está aquí la persona que por derecho propio merece este homenaje más que ninguno de nosotros: mi esposa María Victoria. Miriam y ella han sido las verdaderas artífices de cuanto nuestra familia haya podido hacer en beneficio del síndrome de Down. María Victoria vislumbraba y marcaba un objetivo. Miriam se esforzaba por conseguirlo. Y ese “feed-back” y mutuo reforzamiento creó una complicidad tal que, sin pretenderlo, nos subyugó a todos y nos impulsó a poner nuestro granito de arena para dar a conocer todo cuanto íbamos aprendiendo. Cada uno en su propio terreno. Pero una gran artífice del desarrollo de Miriam ha sido su hermana Toya, a la que también tenemos presente ahora con un enorme cariño.
De la experiencia de estos 36 años que hemos vivido los seis miembros de la familia en torno al síndrome de Down, quisiera destacar tres cualidades que animo a todos ustedes a desarrollar:
- un amor sin límites que trascienda el que tenemos a nuestro hijo, hermano, familiar, para abrirnos hacia todos cuantos nos rodean,
- un deseo exigente de conocer más y profundizar en las múltiples facetas y riquezas y cualidades de las personas con síndrome de Down, para servirles mejor,
- un espíritu de servicio, para compartir con los demás todo lo que aprendemos, todo lo que conocemos, todo lo que conseguimos.
A ello les animo. ¡El mundo es de ustedes! Muchísimas gracias.