¿Cómo no habrías de sentirte rebosante de orgullo siendo la madre de esa princesita?
Es una preciosidad de niña, y estoy segura, por tus palabras, de que tú tienes que ser una madre preciosa también. ¡Qué bonito es lo que has dicho de ella!
Un abrazo para ti, Astrid, y muchos besos para tu niña.
Saro