Estimada Matilde:
El caso que me cuentas no es excepcional para mí. Son varias las ocasiones en que me han contado que un niño con síndrome de Down se niega a volver a clase después del recreo. Sin embargo, la solución deberéis encontrarla vosotros, pues lo que es válido para un niño no siempre sirve para otro.
Es preciso estudiar el por qué de esa actitud y eso se hace observando qué ocurre antes del recreo, qué es lo que hace él en el recreo (a qué se dedica) y especialmente qué ocurre después de su conducta, para comprobar qué es lo que la provoca o mantiene.
En primer lugar, si en clase no hace nada que le atraiga, es difícil que quiera volver. ¿Tiene objetivos especialmente programados para él? ¿Están adaptadas los contenidos a su nivel de capacidad? ¿Las actividades que hace son interesantes y motivadoras, de acuerdo con sus intereses?
En segundo lugar, ¿qué hace en el recreo? ¿Se pasa todo el tiempo tocando la tierra del patio sin hacer nada más o juega con otros niños? Si está todo el tiempo mirando el suelo, es posible que, sencillamente, quiera seguir con esa conducta, por lo que debería animársele a que haga otras cosas para romper esa rutina. Cambiar su hábito del lugar donde suele colocarse puede servir.
¿Cómo se le anima a volver a clase? ¿Hay algo en clase que le motive? Una solución es que, tras el recreo, tenga siempre alguna actividad que a él le guste mucho: escuchar o cantar una canción, jugar con algún objeto, ayudar a la maestra repartiendo un material, etc. Deberá dejarse esa actividad como premio para cuando termine el recreo.
¿Qué hace la gente cuando él se niega a entrar? Si los compañeros le miran y le animan a volver y los profesores le hablan, intentando convencerle de que vuelva, sencillamente puede tratarse de una llamada de atención, una especie de “juego” al que se juega todos los días para que vuelva a clase. Dejarle en el patio solo un rato mientras los demás suben, puede servir para que regrese. Por otro lado, debería dársele una orden única, seria y tajante, a ser posible por parte de alguna persona que él considere autoridad (una profesora estricta, el director, etc.)
En todo caso, debería de subir queriendo o no, por lo que, bien sea “engañándole” o bien llevándole de la mano, esa rutina se debía de romper.
Un cordial saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21