El sentido del ridículo
- José Mª
- Autor del tema
15 años 3 meses antes #49472
por José Mª
Respuesta de José Mª sobre el tema Re: El sentido del ridículo
Hola. Sigo este foro aunque no he participado. Pero se han tocado temas que me parece estupendo debatir. ¿De quién es la culpa del fracaso escolar, de la poca atención que nuestros hijos con síndrome de Down reciben en la gran mayoría de las escuelas, públicas o privadas? Parece claro que todos los indicadores nacionales e internacionales sobre la educación en España son coincidentes en que hay un fracaso y declive que se inició con la implantación de la LOGSE. Es evidente que de eso no son culpables los alumnos, sino el sistema y los educadores que tuvieron que seguir las leyes. Los profesionales de la educación son incompetentes en su mayoría para hacer frente a la diversidad educativa, precisamente por la pésima formación que recibieron, por esa falta de excelencia y de superación que fueron arrasadas por las normativas. ¿Quién es el responsable de que nuestros hijos con síndrome de Down sean mal atendidos, salvo honrosas excepciones? Por eso, que surjan iniciativas para mejorar la formación de nuestros educadores, primar la excelencia, no solamente no me parece injusto sino que me parece absolutamente necesario si queremos salir de la mediocridad y mezquindad de nuestro actual sistema educativo español. Necesitamos que alumnos de Magisterio y de Pedagogía, motivados y bien adiestrados, encuentren escuelas meritorias exigentes, donde prime la calidad, el esfuerzo... la utopía. Sólo así saldremos del ostracismo. Saludos a todos.
Responder a José Mª
- Saro
- Autor del tema
15 años 3 meses antes #49470
por Saro
Respuesta de Saro sobre el tema Re: El sentido del ridículo
Querido Emilio:
En primer lugar, muchas, muchísimas gracias a ti.
Y, en segundo lugar, perdóname por mi ignorancia.
Me dejé llevar por el entusiasmo y por el desconocimiento.
Desde luego que me consta que siempre te preocupas y primas la educación emocional, integral, y que, a pesar de no tener yo a nadie en etapa escolar, siempre me leo tus intervenciones porque siempre aprendo de ellas, y siempre puedo extrapolar tus indicaciones a otros órdenes de la vida.
A pesar de eso, tengo que decir que no he leído todas tus publicaciones.
No se te puede pedir más, muy al contrario, es poco el agradecimiento que se te exprese, la gratitud que se pueda sentir hacia ti por estar siempre ahí, incluso hoy, que es domingo.
La gratitud por el esfuerzo que haces en volcar tus conocimientos con tanta claridad, con tanto afán pedagógico, con tanta dulzura y simpatía por las personas con síndrome de Down y por nosotros, sus familiares, profesores, preparadores laborales, etc.
Nos ayudas mucho, Emilio, mucho más de lo que nunca puedas llegar a imaginarte. Y nos incentivas, y nos clarificas y nos animas y nos sacas de muchas confusiones.
Muchos besos, Emilio.
Con afecto,
Saro
En primer lugar, muchas, muchísimas gracias a ti.
Y, en segundo lugar, perdóname por mi ignorancia.
Me dejé llevar por el entusiasmo y por el desconocimiento.
Desde luego que me consta que siempre te preocupas y primas la educación emocional, integral, y que, a pesar de no tener yo a nadie en etapa escolar, siempre me leo tus intervenciones porque siempre aprendo de ellas, y siempre puedo extrapolar tus indicaciones a otros órdenes de la vida.
A pesar de eso, tengo que decir que no he leído todas tus publicaciones.
No se te puede pedir más, muy al contrario, es poco el agradecimiento que se te exprese, la gratitud que se pueda sentir hacia ti por estar siempre ahí, incluso hoy, que es domingo.
La gratitud por el esfuerzo que haces en volcar tus conocimientos con tanta claridad, con tanto afán pedagógico, con tanta dulzura y simpatía por las personas con síndrome de Down y por nosotros, sus familiares, profesores, preparadores laborales, etc.
Nos ayudas mucho, Emilio, mucho más de lo que nunca puedas llegar a imaginarte. Y nos incentivas, y nos clarificas y nos animas y nos sacas de muchas confusiones.
Muchos besos, Emilio.
Con afecto,
Saro
Responder a Saro
- Emilio Ruiz
15 años 3 meses antes #49469
por Emilio Ruiz
Respuesta de Emilio Ruiz sobre el tema Re: El sentido del ridículo
Estimadas Chus y Saro:
Los temas de las habilidades sociales y de la educación emocional me preocupan personalmente desde hace mucho tiempo. Como ejemplo diré que mi primera intervención sistemática en la Fundación Síndrome de Down de Cantabria, allá por el año 1993, fue con la aplicación de un programa de entrenamiento en habilidades sociales, y el primer artículo que publiqué en la Revista Síndrome de Down de Cantabria, en 1994, trataba de esta misma cuestión.
En cuanto a la educación emocional, también he sido una de las primeras personas que defendió la necesidad de trabajar estas capacidades con personas con síndrome de Down, pues siempre he pensado que una educación que pretenda formar de manera integral a una persona no puede obviar este aspecto, que es esencial. De ahí que escribiera, por ejemplo, un artículo en el año 2004, que ha dado mucho juego, ya que a partir de él he animado a mucha gente a profundizar en este terreno.
www.downcantabria.com/revistapdf/82/84-93.pdf
www.downcantabria.com/revistapdf/103/126-139.pdf
No obstante, los asuntos que se pueden abordar son tantos que no siempre encuentra uno el tiempo para dar respuesta a todos ellos. Actualmente es al tema de la integración escolar al que estoy dedicando más esfuerzos, además de ser el que más se relaciona con mi especialidad profesional. No dejo en saco roto la propuesta, sin embargo, pues es posible que en el futuro se puedan dar nuevos puntos de vista sobre las emociones y sobre el fomento de unas adecuadas relaciones interpersonales.
Un cordial saludo y gracias por vuestras aportaciones
Emilio Ruiz
Canal Down21
Los temas de las habilidades sociales y de la educación emocional me preocupan personalmente desde hace mucho tiempo. Como ejemplo diré que mi primera intervención sistemática en la Fundación Síndrome de Down de Cantabria, allá por el año 1993, fue con la aplicación de un programa de entrenamiento en habilidades sociales, y el primer artículo que publiqué en la Revista Síndrome de Down de Cantabria, en 1994, trataba de esta misma cuestión.
En cuanto a la educación emocional, también he sido una de las primeras personas que defendió la necesidad de trabajar estas capacidades con personas con síndrome de Down, pues siempre he pensado que una educación que pretenda formar de manera integral a una persona no puede obviar este aspecto, que es esencial. De ahí que escribiera, por ejemplo, un artículo en el año 2004, que ha dado mucho juego, ya que a partir de él he animado a mucha gente a profundizar en este terreno.
www.downcantabria.com/revistapdf/82/84-93.pdf
www.downcantabria.com/revistapdf/103/126-139.pdf
No obstante, los asuntos que se pueden abordar son tantos que no siempre encuentra uno el tiempo para dar respuesta a todos ellos. Actualmente es al tema de la integración escolar al que estoy dedicando más esfuerzos, además de ser el que más se relaciona con mi especialidad profesional. No dejo en saco roto la propuesta, sin embargo, pues es posible que en el futuro se puedan dar nuevos puntos de vista sobre las emociones y sobre el fomento de unas adecuadas relaciones interpersonales.
Un cordial saludo y gracias por vuestras aportaciones
Emilio Ruiz
Canal Down21
Responder a Emilio Ruiz
- Saro
- Autor del tema
15 años 3 meses antes #49460
por Saro
Respuesta de Saro sobre el tema Re: El sentido del ridículo
Me parece apasionante este debate.
Y fíjense que nunca es tarde, lo dice una hermana de una persona con síndrome de Down que tiene 48 años.
Cada día que salimos a la calle es una oportunidad; cada conversación, cada situación en casa, en la familia, donde fuere, es una oportunidad.
Es verdad que muchas veces es mi hermana la que me enseña a mí, y no es una frase hecha desde una sensiblería lacrimógena.
Ella me enseña con sus comentarios, con sus actitudes, con su forma de ver, de MIRAR, mejor dicho, el mundo.
Yo nunca me había detenido en un escaparate para ver cómo comía lechuga una tortuga, o como unos hurones dormían panza arriba, unos sobre otros. Yo no me había fijado que en el parque, además de palomas, tórtolas, pájaros e insectos, habitaba entre la fronda una familia compuesta por gallo, gallina y polluelos.
O, por poner otro ejemplo, ella cayó en la cuenta antes que yo de que en navidades ya habían colgado las guirnaldas luminosas...
Eso y muchos otros ejemplos podría poner, en los que sus observaciones, tan humanas, me hacen sentir compasión por alguien que pasa, o simpatía, o recelo...
Pero también me doy cuenta de que tengo siempre oportunidades de enseñarle el mundo, de explicarle, de ayudarla a comprender muchas cosas, como, por ejemplo, que no hay que quedarse mirando fijamente a dos chicas que se besan con pasión en un banco; que por eso no hay que llamar a la policía; que eso es ser diferente, y que más vale hacer el amor que no la guerra.
Que a la policía se la llama cuando alguien molesta o agrede, en fin...
Me hizo gracia, no obstante, en este último caso, que ella me respondiera muy seria: Sí, todo eso que dices está muy bien, y es tu forma de pensar, pero la mía no...
O sea que tengo una pequeña reaccionaria en ella, a la que, a mi vez, he de respetar...
En fin, no me extiendo más. Sólo sé que otro gallo (¿quizá el del parque?) me habría cantado a mí misma si nos hubieran enseñado, en casa y en el colegio, más destrezas emocionales, ésas que, como nos recuerda Chus, enfatiza Eduard Punset, por poner por caso...
Muchos besos y muchos abrazos para todos, y secundo la petición de Chus a Emilio, aunque me imagino, Emilio, que has de andar más que desbordado de trabajo, ¿verdad que si?
Hasta el próximo,
Saro
Y fíjense que nunca es tarde, lo dice una hermana de una persona con síndrome de Down que tiene 48 años.
Cada día que salimos a la calle es una oportunidad; cada conversación, cada situación en casa, en la familia, donde fuere, es una oportunidad.
Es verdad que muchas veces es mi hermana la que me enseña a mí, y no es una frase hecha desde una sensiblería lacrimógena.
Ella me enseña con sus comentarios, con sus actitudes, con su forma de ver, de MIRAR, mejor dicho, el mundo.
Yo nunca me había detenido en un escaparate para ver cómo comía lechuga una tortuga, o como unos hurones dormían panza arriba, unos sobre otros. Yo no me había fijado que en el parque, además de palomas, tórtolas, pájaros e insectos, habitaba entre la fronda una familia compuesta por gallo, gallina y polluelos.
O, por poner otro ejemplo, ella cayó en la cuenta antes que yo de que en navidades ya habían colgado las guirnaldas luminosas...
Eso y muchos otros ejemplos podría poner, en los que sus observaciones, tan humanas, me hacen sentir compasión por alguien que pasa, o simpatía, o recelo...
Pero también me doy cuenta de que tengo siempre oportunidades de enseñarle el mundo, de explicarle, de ayudarla a comprender muchas cosas, como, por ejemplo, que no hay que quedarse mirando fijamente a dos chicas que se besan con pasión en un banco; que por eso no hay que llamar a la policía; que eso es ser diferente, y que más vale hacer el amor que no la guerra.
Que a la policía se la llama cuando alguien molesta o agrede, en fin...
Me hizo gracia, no obstante, en este último caso, que ella me respondiera muy seria: Sí, todo eso que dices está muy bien, y es tu forma de pensar, pero la mía no...
O sea que tengo una pequeña reaccionaria en ella, a la que, a mi vez, he de respetar...
En fin, no me extiendo más. Sólo sé que otro gallo (¿quizá el del parque?) me habría cantado a mí misma si nos hubieran enseñado, en casa y en el colegio, más destrezas emocionales, ésas que, como nos recuerda Chus, enfatiza Eduard Punset, por poner por caso...
Muchos besos y muchos abrazos para todos, y secundo la petición de Chus a Emilio, aunque me imagino, Emilio, que has de andar más que desbordado de trabajo, ¿verdad que si?
Hasta el próximo,
Saro
Responder a Saro
- CHUS
- Autor del tema
15 años 3 meses antes #49456
por CHUS
Respuesta de CHUS sobre el tema Re: El sentido del ridículo
Claro y comprobando la carencia en este sentido del sistema educativo y además sin que se vislumbre un cambio a corto plazo, sino más bien todo lo contario, se busca el rendimiento de élite (debate en plena actualidad esta semana, al menos en España, ante la sugerencia de un Presidenta autonómica), se sigue primando la competitividad vs. la competencia (en el sentido de competente)de los aprendizajes, la colaboración y la empatía no puntúan. El fracaso escolar parece que sólo es culpa del alumno, no se evalúan los profesores ni los sistemas y cada vez más se va utilizar como herramienta arrojadiza en el terreno político.
Ante tanta desfachatez pasa el tiempo y creo que desde las familias debemos suplir esas carencias y en cada ocasión que se nos presente, aunque al principio parezca un contratiempo que nuestro hijo s.d. se exponga a una situación ridículo, tiene que ser una oportunidad para el aprendizaje. Porque a veces evitar situaciones, en principio poco ventajosas, lo que hace es perder una oportunidad de aprendizaje.
Si no vamos a un restaurante nunca, perderemos la oportunidad de aprender a comportarnos allí, es decir que a cuántas más situaciones cotidianas se enfrenten más oportunidades de ofrecer aprendizajes de la vida real tendrán, que les haga ser más competentes y les aporte capacidad de elegir, y en definitiva autonomía.
Y te animo Emilio, que al igual que estás desarrollando los estupendos artículos referidos a las adaptaciones curriculares, se deberían continuar en la línea de las emociones, habilidades sociales, competencias absolutamente impresindibles de la vida diaria. Sé que el canal ya cuenta con información al respecto, pero nunca viene mal recodarlo.
Ante tanta desfachatez pasa el tiempo y creo que desde las familias debemos suplir esas carencias y en cada ocasión que se nos presente, aunque al principio parezca un contratiempo que nuestro hijo s.d. se exponga a una situación ridículo, tiene que ser una oportunidad para el aprendizaje. Porque a veces evitar situaciones, en principio poco ventajosas, lo que hace es perder una oportunidad de aprendizaje.
Si no vamos a un restaurante nunca, perderemos la oportunidad de aprender a comportarnos allí, es decir que a cuántas más situaciones cotidianas se enfrenten más oportunidades de ofrecer aprendizajes de la vida real tendrán, que les haga ser más competentes y les aporte capacidad de elegir, y en definitiva autonomía.
Y te animo Emilio, que al igual que estás desarrollando los estupendos artículos referidos a las adaptaciones curriculares, se deberían continuar en la línea de las emociones, habilidades sociales, competencias absolutamente impresindibles de la vida diaria. Sé que el canal ya cuenta con información al respecto, pero nunca viene mal recodarlo.
Responder a CHUS
- Emilio Ruiz
15 años 3 meses antes #49452
por Emilio Ruiz
Respuesta de Emilio Ruiz sobre el tema Re: El sentido del ridículo
Estimada Chus:
Estoy completamente de acuerdo contigo. De hecho, yo he comentado en diversas ocasiones que en la escuela se dedica tiempo a trabajar la conjugación de los verbos en subjuntivo, la química orgánica o a la historia de Egipto, por ejemplo, pero no existe ninguna asignatura que trabaje las dos materias más necesarias para la convivencia futura de cualquier ciudadano, las que tienen que ver con las relaciones interpersonales, y que son la educación emocional y las habilidades sociales, junto con el trabajo en equipo. No sé si alguien ha vuelto a usar en su vida cotidiana la química orgánica (salvo un químico) o la historia de Egipto (salvo un historiador) pero las relaciones interpersonales son esenciales en cualquier puesto de trabajo y en el día a día de cualquier persona.
¿Cómo se enseña eso? Pues como se enseña todo lo demás, con una adecuada programación que incluya esos contenidos y que se sirva, siempre que se pueda, de la práctica en la vida real. Y con la reflexión en clase y en casa sobre las distintas situaciones que se han podido presentar, dando estrategias de respuesta a los chicos con síndrome de Down para que sepan actuar correctamente en situaciones futuras.
Es cierto que ellos no siempre saben discernir cuándo es correcta una actuación y cuándo, al variar las circunstancias, han de actuar de otra manera. Pero precisamente porque no saben discriminar las distintas situaciones hay que darles respuestas válidas para cada una de ellas. Explicarles, por ejemplo, que cantar y bailar es bueno; que en esta situación se puede bailar y cantar, pero que en esta otra, si lo haces llamas la atención y haces el ridículo. Al fin y al cabo, no se trata tanto de que lo que hagan esté bien o mal, sino de que sea socialmente aceptable o no.
Comparto contigo la idea de que a medida que avanzan se han de replantear nuevos objetivos y enseñarles nuevas destrezas, para que se enfrenten a las nuevas situaciones a las que van incorporándose. Este aprendizaje es costoso, pero es imprescindible.
Un cordial saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21
Estoy completamente de acuerdo contigo. De hecho, yo he comentado en diversas ocasiones que en la escuela se dedica tiempo a trabajar la conjugación de los verbos en subjuntivo, la química orgánica o a la historia de Egipto, por ejemplo, pero no existe ninguna asignatura que trabaje las dos materias más necesarias para la convivencia futura de cualquier ciudadano, las que tienen que ver con las relaciones interpersonales, y que son la educación emocional y las habilidades sociales, junto con el trabajo en equipo. No sé si alguien ha vuelto a usar en su vida cotidiana la química orgánica (salvo un químico) o la historia de Egipto (salvo un historiador) pero las relaciones interpersonales son esenciales en cualquier puesto de trabajo y en el día a día de cualquier persona.
¿Cómo se enseña eso? Pues como se enseña todo lo demás, con una adecuada programación que incluya esos contenidos y que se sirva, siempre que se pueda, de la práctica en la vida real. Y con la reflexión en clase y en casa sobre las distintas situaciones que se han podido presentar, dando estrategias de respuesta a los chicos con síndrome de Down para que sepan actuar correctamente en situaciones futuras.
Es cierto que ellos no siempre saben discernir cuándo es correcta una actuación y cuándo, al variar las circunstancias, han de actuar de otra manera. Pero precisamente porque no saben discriminar las distintas situaciones hay que darles respuestas válidas para cada una de ellas. Explicarles, por ejemplo, que cantar y bailar es bueno; que en esta situación se puede bailar y cantar, pero que en esta otra, si lo haces llamas la atención y haces el ridículo. Al fin y al cabo, no se trata tanto de que lo que hagan esté bien o mal, sino de que sea socialmente aceptable o no.
Comparto contigo la idea de que a medida que avanzan se han de replantear nuevos objetivos y enseñarles nuevas destrezas, para que se enfrenten a las nuevas situaciones a las que van incorporándose. Este aprendizaje es costoso, pero es imprescindible.
Un cordial saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21
Responder a Emilio Ruiz
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