Querida Mayte:
No me atrevía a decirte nada hasta que no te hubiera escrito otra persona más sensata que yo.
No tengo nada que añadir a lo que te ha dicho Emilio, que en su respuesta ha tocado en profundidad los múltiples aspectos que tu mensaje plantea.
Sólo quería contarte que yo viví en mi propia familia un caso parecido, con alguien con un parentesco menor que el que tiene tu hermano contigo, y teniéndolo yo de hermana con la mía, con María José que, como tu hijo Alberto, tiene síndrome de Down.
Y te lo quería contar porque a mí también me dolió muchísimo, y me hirió profundamente, además, el que me lo comentaran con aquella naturalidad, como si mi hermana, al fin y al cabo, fuera una persona sobrante, que posiblemente no debía haber nacido.
Anduve unos días herida y triste, y enfadada, muy enfadada interiormente, hasta que comprendí que -independientemente de la facta de tacto y de sensibilidad que yo observé en mi caso cuando me lo comunicaron- ellos, esos parientes, tienen la misma libertad que tengo yo, los mismos dilemas morales que nos atañen a todos, como dice Emilio.
Y, en el fondo, terminé casi compadeciéndolos por su ignorancia. De verdad te lo digo. Sentí compasión, pero sin desprecio, sin rencor.
Y me parece muy importante que se sigan estrechando los lazos de amor entre tú, tu hermano, tu cuñada y tu hijo.
Quizás algún día puedas abrirle a tu hermano tu corazón, y contarle serenamente lo que has sentido. Quizás hasta puedas comprender lo que ha sentido él, aunque no lo compartas. Pero no se distancien.
Y este dolor que lacera, yo lo sé, pasará, ya lo verás.
Aunque te comprendo, lo siento muchísimo y desde aquí te mando todo mi apoyo y mi cariño.
Hasta otro día.
¡Ah! Muchos besitos para Alberto, aunque no me conozca de nada.
Un abrazo fortísimo para ti,
Saro