Estimado Santiago:
Mucho me temo que las conductas de escape de este niño están siendo alimentadas por la atención que todo el mundo le prodiga cuando le encuentran. Un castigo, por definición, es una consecuencia que, aplicada después de determinada conducta, la reduce o elimina. Si después de que se escape (en el colegio, en la calle, cuando los padres se paran a hablar) y está un rato perdido, la consecuencia es que los demás le hablan, le riñen, le dicen lo preocupados que están, le sueltan mil y un sermones, él está consiguiendo exactamente lo que quiere, que es la atención plena de todo el mundo. La prueba está en que después de permanecer media hora perdido no solo no muestra miedo ni preocupación, sino que está feliz.
Para solucionar el tema propongo que se tomen dos tipos de medidas. En primer lugar, medidas preventivas: para que no se escape, se le cerrará la puerta de la clase con un pestillo o se le agarrará de la mano en la calle cuando los padres se paren a hablar, por poner dos ejemplos. Si no sabe responder a la libertad que se le concede y no actúa con responsabilidad, esa libertad deberá ser limitada. Esta medida rompe la dinámica de la conducta y no permite que aparezca, de forma que se irá extinguiendo poco a poco. Si se le deja seguir, se irá convirtiendo en una costumbre, en un hábito, en una especie de juego al que él juega y los demás le siguen, algo que yo creo que ya está ocurriendo.
La segunda medida es una consecuencia fuerte, impactante, seria, que le resulte especialmente molesta, unida a una retirada absoluta de atención. Por ejemplo, si las medidas preventivas no han funcionado y se escapa un día de la clase, una persona irá a por él sin mostrar especial preocupación, con tranquilidad y sin decirle nada, a ser posible sin mirarle a los ojos y le tendrá sentado en un lugar donde esté solo, sin ningún estímulo, durante 10 minutos, de espaldas a esa persona incluso. Después, siempre sin hablarle, se le volverá a su clase. Si vuelve a escaparse, serán 15 los minutos. Pero lo más importante es que no hay que hablarle, ni reñirle, ni hacerle ningún caso. Retirada absoluta de atención. Las escapadas no pueden ser premiadas con la atención ni con la conversación de nadie.
Probad a ser estrictos y rigurosos y la conducta probablemente se extinguirá.
Un cordial saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21