Estimada Chus:
Como siempre, planteas un tema trascendental y controvertido. Voy a aportar mi propia visión del mismo.
La educación post-obligatoria es una preocupación que actualmente se mantiene en los países europeos en relación con todos los alumnos, no solo los que tienen síndrome de Down. Si en nuestro país el fracaso escolar (los alumnos que no obtienen el título mínimo, que es el Graduado en Educación Secundaria Obligatoria) ronda entre el 25 y el 30%, las directrices europeas se dirigen hacia la necesidad de que los futuros ciudadanos no solo tengan ese título, sino estudios post-obligatorios, bien sea de Formación Profesional de Grado Medio o de Bachillerato como mínimo, permaneciendo en el sistema educativo al menos hasta los 18 años. Es decir, no solo se pretende que todos estudien hasta los 16, sino que la mayoría permanezca hasta los 18 o más, continuando sus estudios.
Los jóvenes con síndrome de Down, una vez más, se encuentran fuera de juego. Si tomamos datos de la Encuesta sobre discapacidades, autonomía personal y situaciones de dependencia de 2008, recogidos en una tabla muy clara en el II Plan de acción para personas con síndrome de Down 2009-2013, podremos comprobar que no solo no cursan estudios universitarios, sino que apenas el 6% llegan a estudios de secundaria o superiores. Son datos de 2008, de la última encuesta, que supongo algo habrán mejorado en los últimos años. www.edsa.eu/files/presentations/II%20Plan%20de%20Accion.pdf (página 29)
¿Qué quiero decir con esto? Que están muy bien todos los proyectos que intentan integrar a jóvenes con síndrome de Down en planes de estudios dentro del marco de la universidad, ya que todas las iniciativas en ese terreno han de ser bienvenidas. Pero ahora mismo la propia Educación Secundaria Obligatoria (recalco lo de Obligatoria) sigue siendo un terreno sin allanar para los chicos y chicas con síndrome de Down.
Y no digamos nada de los estudios posteriores. Respondiendo a tu consulta, las alternativas de formación para los jóvenes con síndrome de Down que acaban su educación obligatoria son muy escasas, en especial en ambientes inclusivos. En los centros de educación especial cuentan con programas de Formación Básica o Transición a la Vida Adulta, que les permiten continuar formándose hasta los 21 años o más, enlazando posteriormente con modalidades de empleo protegido.
Pero en lo que se relaciona con ofertas formativas para jóvenes y adultos con síndrome de Down en entornos inclusivos, el abanico de opciones se reduce de manera drástica. La Formación Profesional Básica que, a partir de la LOMCE, sustituye a los Programas de Cualificación Profesional Inicial, antigua Garantía Social, es un modalidad de FP que podría responder a las necesidades de determinados jóvenes con síndrome de Down. La dificultad es que se mezclan con alumnos con otros perfiles que poco tienen que ver con ellos, además de que la oferta que existe es muy, muy reducida.
Los Centros de Educación de Personas Adultas, en determinados casos, también pueden ser una opción válida, dentro de la oferta formativa que cada centro tenga, por ejemplo con programas de Formación Básica Inicial o Enseñanzas No Regladas. Fuera de ahí, el resto de las opciones pasan por centros de formación privados, academias o centros de estudios, a los que pueden incorporarse los chicos con síndrome de Down, pero que no suelen tener alternativas adaptadas a sus características.
La opción de que las Universidades busquen formas de incorporar a jóvenes con síndrome de Down a sus planes educativos es más que loable. Pero debería de existir una oferta más natural, en los entornos cercanos a cada chico o chica con síndrome de Down, que les permitiera disfrutar de una formación permanente que, en los tiempos que vivimos y más para ellos, es más que una opción, una obligación.
Un cordial saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21