Estimada Carolina:
La figura del acompañante pedagógico o psicopedagogo que tú llamas, no existe como tal en España. Aquí los apoyos los proporcionan especialistas en pedagogía terapéutica y audición y lenguaje (fonoaudiólogos que llamáis vosotros), habitualmente de manera individual y fuera del aula ordinaria. La formación en estos casos es especializada para atender a alumnos con diversas discapacidades y necesidades educativas especiales.
La figura del maestro sombra que he conocido en Hispanoamérica, en diversos países, a mi modo de ver tiene un inconveniente claro, que es precisamente el acompañamiento constante del alumno. Si siempre está con él, ayudándole, acaba haciéndole dependiente de ese apoyo. No debería de ayudarle, sino todo lo contrario, trabajar para que sea autónomo, independiente, para que haga las cosas por sí mismo. Esa forma de actuar parece contradictoria en sí misma, puesto que el trabajo del maestro sombra sería precisamente dejar de trabajar.
Pero en la vida real, cuando se incorporen a entornos ordinarios, los niños con síndrome de Down no van a tener a nadie que les acompañe, que les ayude, sino que tendrán que hacer las cosas por ellos mismos.
Los acompañantes terapéuticos deberían de preparar a los niños para que sean lo más autónomos posible, entrenarles en hábitos de autonomía básicos, habilidades sociales y competencias para poder rendir adecuadamente en la escuela. También deberían reforzar los campos en los que tienen más dificultades: lectura y escritura, cálculo, informática, comprensión y expresión lingüística. Y también colaborar en otras tareas complementarias para los maestros: asesoramiento, búsqueda de recursos, elaboración de materiales adaptados, apoyo bibliográfico. Complementaría el apoyo al niño con el apoyo al colegio y a los profesores.
Un afectuoso saludo
Emilio Ruiz
Canal Down21