Querida Silvia:
Qué alegría me has dado al leer tu mensaje de felicitación para mi hermana.
Realmente, está siendo una celebración como la que ella quería: Hoy ya es el tercer día, y sigue recibiendo mensajes, es decir, que lo sigue celebrando, a lo largo de muchos días, como le gusta a ella.
Cuando le transmito los mensajes de ustedes, me presta mucha atención; lo entiende perfectamente, y me dice que les diga que “muchos cariños y muchas gracias”.
Silvia, me apenó leer el otro día el mensaje en que contabas que el Tincho está más calladito que de costumbre. Quizá, además de los múltiples cambios que está experimentando en su vida, esté añorando más a su padre, y esté viviendo ahora su duelo.
Yo a María, quien también pasó por una etapa similar, le hablaba de nuestros padres, le decía que era normal que se sintiera triste. Le hablaba mucho para que sintiera su presencia protegiéndonos y confortándonos, dándonos calor desde nuestro propio corazón.
Le hablaba mucho, en definitiva, y en más de una ocasión lloramos juntas. Y después, nos reponíamos, y hasta nos daba la risa al ver qué lloronas que éramos, y proseguíamos con nuestra vida.
Lamento que, al dolor de enviudar se una la pérdida de la obra social. ¡Qué dura puede ser la vida a veces!, ¿verdad, Silvia? Pero estoy segura de que, a pesar de los pesares, teniendo a una madre tan extraordinaria e inteligente como tú a su lado, nuestro Tincho volverá prontito a ser el que era.
No he recibido el mensaje de ustedes dos en mi correo, pero como si lo hubiera recibido.
Un millón de gracias a los dos y el más apretado de los abrazos,
Saro